Todo comenzó con esas tardes frías de invierno, tirado en el sofá tapado con una frasada, con un café caliente en la mesa ratona. Luego de largos y aburridos sinfines de zapping y no encontrar nada para ver, decidí darle una chance a ese raro canal, Warner Bros, en el cual siempre estaban pasando series, desconocidas para mi hasta ese momento, y que encima, había risas de fondo… pero bueno, igual lo dejé. Justo estaba Friends, la única conocida era la mítica Jennifer Aniston, y desde ese momento no hubo vuelta atrás, esa acción fue el desencadenamiento de esta gran adicción que muchos tenemos, que raramente no tiene una palabra científica, pero se conoce como “adicción a las series”.
Fueron mañanas, tardes y noches de Friends, Two and a Half Men y The Big Bang Theory, los meses pasaban y cada vez era peor. Más tarde empecé a incursionar en el tema y comencé a descargar series a mi notebook, era dentro de todo mediado. Pero todo terminó de derrumbarse con el comienzo del gran apogeo de Netflix que nos da todo lo que necesitamos, un lugar abierto a series, con las temporadas completas, para ver todos los capítulos y que al fin de cada episodio, te da 15 segundos para “pensar” si vas a seguir mirando o no, pensar entre comillas porque no pensás, vos seguís mirando. Pero vos decís, ¿qué tiene esto de malo? No tenés vida social!!!!! Tus amigos se enojan porque no hablas en el WhatsApp del grupo, porque no vas a jugar al fútbol, tu familia se enoja porque no ayudas en nada y vivís tirado en la cama mirando la televisión, tus profesores porque no haces la tarea ni estudias, tu novia porque… bueno hay que aclarar algo, no se puede estar de novio y ser un SerieAdicto, es la cuarta ley de Newton, no se puede!!!
Este furor de las series trae muchos cambios al negocio audiovisual, uno notorio es el papel de los actores a la hora de elegir las series. Históricamente los actores elegían dejar la pantalla grande y optar por la pantalla chica en el fin de su apogeo, ahora no, apuestan a las series. Un claro ejemplo es el de Kevin Spacey en la serie ícono de Netflix, House Of Cards, dando el papel al temible Frank Underwood, o también el gran Ashton Kutcher primero tratando de reemplazar al único (e irremplazable) Charlie Sheen en Two and a Half Men o en el papel del granjero Colt Bennet en The Ranch.
Este gran furor viene con una gran política, no estirar la historia más de lo debido, ya que las temporadas cortas tienen ventajas, como ha demostrado durante años la televisión británica, bien mostrado en la gran serie Holmes. Si algo se puede contar en seis capitulos, para que alargarlo hasta los 10 o 12 episodios, algo que Netflix está implementando y que a nosotros nos perjudica, porque lo único que hacemos cuando terminamos de ver la temporada es contar los meses, semanas, horas, minutos para que se estrene la próxima. Y bueno, ni hablar de cuando terminan las series, luego del final, hay un vacío, profundo y largo por un gran tiempo, pensando, ¿qué serie tendrá la oportunidad de deleitarnos después de semejante serie y final? Pero siempre terminamos encontrando una.
Es un formato que permite generar expectación y concentrar la atención mediática y más que nada seriefila, porque ¿quién no se siente identificado con los personajes de las series? ¿Quién no ha querido ser como Ross para tener a una mujer como Jennifer Aniston? ¿Quién no ha querido ser cómo Charlie Harper para tener su estilo de vida? ¿Quién no ha querido ser como Barney Stinson y su suerte con las mujeres? ¿Quién no ha querido tener el poder que Frank Underwood tiene? ¿Quién no ha querido tener la inteligencia de Harvey Specter o la memoria eidética de Mike Ross? ¿Quién no ha querido tener la frialdad de Walter White? ¿Quién no ha querido tener la picardía de Jimmy McGill? ¿Quién no ha querido vivir en la época medieval y ser como Ragnar? ¿Quién no ha querido ser tan valiente como Jon Snow? ¿Quién no ha querido ser participe de la casa Stark y matar a los Lannister? (menos a Tyrion).
Encima lo mejor es que esta SerieAdicción recién comienza.


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